jueves, 16 de abril de 2015

Aventuras en la costa uruguaya

Lo más lindo de viajar aparte de conocer lugares hermosos, disfrutar de ricas comidas y convivir con otras culturas es hacer compañeros de ruta, esas personas que por casualidad o "destino" aparecen en tu vida y te acompañan en largos trayectos del viaje o solo por unos días, pero que afortunadamente te entregan alguna enseñanza. 

Y en mi segundo viaje a Uruguay conocí a muchas personas entretenidas, comenzando con Magda, una polaca, que ha vivido en todas partes del mundo y solo tiene 27 años. Me contaba mil historias, hablaba varios idiomas y me explicaba como entender que las personas son pasajeras y que los vínculos tarde o temprano se terminan. En el auto que compartí con ella, también iba Manu, Malena y Noelia, dos argentinas buena onda, con las que nos juntamos a almorzar después.

Además a mi se me ocurrió la idea de comprar shorts en Argentina para venderlos allá, lo que fue bueno y malo, porque logré vender la mitad, pese a que aun no era la temporada, pero andaba con mucho más peso y todavía me quedan como 25 shorts, pero me salvaron la vida, cuando se me acabaron los pesos uruguayos y solo contaba con dólares. Gracias a esos shorts pude pagar alojamiento y comer.

Y en Punta del Este, la ciudad de la que menos esperas nada, conocí a Félix y Pablito, un francés y un catalán, con los que tuvimos varias aventuras y recorrimos la costa uruguaya. 

Lo mejor del viaje fue cuando nos fuimos a dedo desde la ciudad del monumento de los dedos hasta Valizas, una distancia de aproximadamente 2 horas, para mi era un dedo fácil, pero nos costó un montón. Al comienzo nos llevaron como 7 autos, pero las distancias eran cortas, casi todas de 30 kms. La aventura máxima fue cuando nos llevó, sin saberlo, el dueño del "Novillo Alegre", una de las carnicerías más famosas de Uruguay, que además tiene algunos restaurantes y nos invitó a comer un "choripan", el tipo además se veía muy sencillo y cuando llegamos, todos nos ofrecían lo que quisiéramos y nos trataron como reyes, realmente no lo podíamos creer.

Horas más tarde estuvimos varados en la carretera como 2 horas, porque nadie nos llevaba, comenzó a oscurecer y también aparece lo peor del ser humano, los miedos, la desesperación y la angustia de llegar a destino. Teníamos hambre, compartimos lo poco de comida que nos quedaba y comenzamos a planificar qué haríamos, dentro de las pocas opciones que teníamos. 

Finalmente caminamos 2 horas, mientras veíamos un hermoso atardecer y cuando ya era de noche e íbamos caminando en la oscuridad, nos encontramos con un policía. Dijimos "estamos a salvo", pero el tipo nos conversó un montón y nos decía que todo era tranquilo, que si queríamos podíamos tirar una carpa ahí mismo ( la que no teníamos) y seguimos caminando hasta que paso un bus y nos acercó. 

Luego hicimos un poco más de dedo y entre una camioneta y otro bus finalmente llegamos a Valizas, cerca de las 2 am, tras haber salido a las 12 del día de Punta del Este. Y bueno así es la vida del viajero, es entretenido contar las historias con suerte, pero también hay que contar el lado b de los viajes. Días después obviamente nos reíamos al estar bien, comiendo rico y teniendo una cama donde dormir. 

Hoy Félix está en el norte de Chile, Pablito en Colombia y yo voy rumbo a Lima, de seguro que nos volveremos a encontrar en las rutas sudamericanas. 




Punta del Este, acá comenzó todo. 

Con Noelia y Malena, las argentinas con las que viaje a Uruguay. 
Con Félix y Pablito haciendo dedo en la carretera. 
El famoso choripan, una verdadera delicia. 

Carne con salsas especiales gratis, gracias al Novillo alegre. 

El atardecer en Rocha, paisaje hermoso. 




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